Motivan
estas líneas las excelentes
columnas aparecidas el 16 y 18 de noviembre
en Del diario La Nación –el
artículo del Prof. Pablo Kohan
y la crítica del Prof. Héctor
Coda-, en relación al genial Requiem de
Verdi, que aportan la referencia al proyecto
de Requiem en memoria de Rossini impulsado
por aquel.
Sería muy interesante el estreno argentino
(y tal vez sudamericano) de esta obra realmente
atractiva, olvidada por 117 años. Redescubierta
en 1986 por el musicólogo norteamericano
David Rosen, tuvo su permiére en el
Festival de Stuttgart de 1988 (con ese registro
ilustré una clase en junio de este año).
Rossini se había “retirardo del
mundo lírico” en 1829 con Guillaume
Tell, dedicándose desde Pecados
de vejez a conmovedora música
sacra, como el Stabat Mater. Falleció en
París el 13 de noviembre de 1868. En
carta a su editor Giulio Ricordi, Verdi organizó el
homenaje. Debía convocar a “doce
compositores italianos…; la misa será presentada
al año en la Iglesia San Petronio de
Bolonia, verdadero hogar musical de Rossini…”.
(No se cumplió. La prima italiana
fue en la Catedral de Parma, 1988). Verdi se
reservó y escribió el final, Libera
Me (que reutilizó con leves cambios
para concluir su Requiem in memoriam
Manzoni de 1874). Ocupado en la revisión
de La forza del destino y sus ensayos
en La Scala para el estreno en febrero del ’69,
dejó todo en manos de Ricordi , con
instrucciones para darle cierta unidad (instrumentos, partes
solistas y corales, tiempos, etc.). Ansioso,
sólo en junio de ese año
recibió noticias: fueron elegidos Antonio
Buzzolla, Antonio Bazzini, Carlo Pedrotti,
Antonio Cagnioni, Federico Ricci, Alessandro
Nini, Raimondo Boucheron, Carlo Coccia, Gaetano
Gaspari, Pietro Platania, Lauro Rossi, Teodulo
Mabellini. Cada uno compuso el número
de la misa que le asignara la Comisión
de Homenaje. Pasó a imprenta el 15 de
setiembre de 1869 surgiendo partitura general
y materiales, bajo el título de “Autori
Diversi – Messa a Rossini”.
Increíble, pero pueblo y músicos
de Bolonia discutieron “si valía
la pena ese tributo”. El Gobierno Municipal
no lo financió. Luciano Scalaberni,
director y empresario de ópera, “coincidió con
la mitad vanguardista de los boloñeses” y
presentó Lohengrin de Wagner,
otro genio. Escándalo público,
cruzando acusaciones la Comisión, los
políticos municipales y el Teatro Comunal.
Con furia, Ricordi comunicó el
fracaso al mentor (que al año siguiente,
1870, estaba de nuevo envuelto en la insistencia
del jedive Ismail Pasha por una “ópera
egipcia” que será Aïda).
Aún no era una realidad concreta lo
firmado en 1861, el manifiesto de la unidad
nacional, por la que tanto luchara Verdi
hasta coronarla, basado en la tradición
cultural, pauta tan auténtica como vigente.
Marcelo Arce |