H O M E

13 COMPOSITORES PARA UN REQUIEM
por Marcelo Arce © 2007

Motivan estas líneas las excelentes columnas aparecidas el 16 y 18 de noviembre en Del diario La Nación –el artículo del Prof.  Pablo Kohan y la crítica del Prof. Héctor Coda-, en relación al genial Requiem de Verdi, que aportan la referencia al proyecto de Requiem en memoria de Rossini impulsado por aquel.
Sería muy interesante el estreno argentino (y tal vez sudamericano) de esta obra realmente atractiva, olvidada por 117 años. Redescubierta en 1986 por el musicólogo norteamericano David Rosen, tuvo su permiére en el Festival de Stuttgart de 1988 (con ese registro ilustré una clase en junio de este año).
Rossini se había “retirardo del mundo lírico” en 1829 con Guillaume Tell, dedicándose desde Pecados de vejez  a conmovedora música sacra, como el Stabat Mater.  Falleció en París el 13 de noviembre de 1868. En carta a su editor Giulio Ricordi, Verdi organizó el homenaje. Debía convocar a “doce compositores italianos…; la misa será presentada al año en la Iglesia San Petronio de Bolonia, verdadero hogar musical de Rossini…”. (No se cumplió. La prima  italiana fue en la Catedral de Parma, 1988). Verdi se reservó y escribió el final, Libera Me (que reutilizó con leves cambios para concluir su Requiem in memoriam Manzoni de 1874). Ocupado en la revisión de La forza del destino y sus ensayos en La Scala para el estreno en febrero del ’69, dejó todo en manos de Ricordi , con instrucciones para darle cierta unidad (instrumentos,  partes solistas y corales, tiempos, etc.).  Ansioso, sólo en  junio de ese año recibió noticias: fueron elegidos Antonio Buzzolla, Antonio Bazzini, Carlo Pedrotti, Antonio Cagnioni, Federico Ricci, Alessandro Nini, Raimondo Boucheron, Carlo Coccia, Gaetano Gaspari, Pietro Platania, Lauro Rossi, Teodulo Mabellini. Cada uno compuso el número de la misa que le asignara la Comisión de Homenaje. Pasó a imprenta el 15 de setiembre de 1869 surgiendo partitura general y materiales, bajo el título de  “Autori Diversi – Messa a Rossini”.
Increíble, pero pueblo y músicos de Bolonia discutieron “si valía la pena ese tributo”. El Gobierno Municipal no lo financió. Luciano Scalaberni, director y empresario de ópera, “coincidió con la mitad vanguardista de los boloñeses” y presentó Lohengrin de Wagner, otro genio. Escándalo público, cruzando acusaciones la Comisión, los políticos municipales y el Teatro Comunal. Con furia, Ricordi  comunicó el fracaso al mentor (que al año siguiente, 1870, estaba de nuevo envuelto en la insistencia del jedive Ismail Pasha por una “ópera egipcia” que será Aïda). Aún no era una realidad concreta lo firmado en 1861, el manifiesto de la unidad nacional, por  la que tanto luchara  Verdi hasta coronarla, basado en la tradición cultural, pauta tan auténtica como vigente.

Marcelo Arce

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