Plan es forma
Sin lugar a dudas, conocer el plan interno de
una obra -especialmente si se trata de una obra
de arte-, redunda en un mayor nivel de apreciación.
Además, el placer sensorial aumenta y
la música conduce a una lectura más
profunda. Cada nueva audición es una
gimnasia cuyo principal ejercicio consiste en
escucharla, escucharla, escucharla y escucharla.
Obsesivamente.
Bien, ese plan es la forma, el esquema interior,
que ordena las ideas (sean melodías,
temas o simples motivos) y les confiere unidad
y coherencia.
Conforme al número de intérpretes
que requieren, las formas corresponden al género
instrumental (un ejecutante), al género
de cámara (dos a veinte) o al género
sinfónico (más de veinte. Mahler
estrenó en 1910 su Octava Sinfonía
con 1.030 músicos, entre cantantes solistas,
coros y orquesta). Y, concurrentemente, según
su contenido, las formas corresponden al género
abstracto (música pura: melodía,
armonía y ritmo) o al género programático
(el plan desarrolla elementos extramusicales,
como el libreto en una ópera o el programa
en un poema sinfónico). Como ambos criterios
se combinan, resultan que una obra puede ser:
instrumental abstracta (ej.: Chopin Preludios
para piano); o instrumental programática
(Salzedo: En la noche, para arpa); camarística
abstracta (Ravel: Sonata para violín
y violonchelo) o camarística programática
(Janacek: Juventud para sexteto de vientos);
sinfónico abstracta (Mozart: Concierto
para fagot y orquesta) o sinfónico programática
(Beethoven: Sinfonía 6 «Pastoral»;
Strauss: Salomé, ópera; Smetana:
El río Moldava, poema sinfónico;
Penderecki: Magnificat; Ginastera: Estancia,
ballet).
Ud. agregará infinidad de ejemplos para
apreciar.
Cantata, cantata
Una de las formas programáticas es la
cantata, integrada por partes llamadas números.
Incluye coro, orquesta y, por lo general, solistas
vocales.
Nació como un derivado de la canción
popular: el madrigal, la villanella y la canzona.
Aunque Grandi (1620) fue quien primero la tituló
cantata, la forma ya se encuentra en Caccini
(1601), Viadana (1602) y Peri (1609). Con Ferrari
(1663) se inicia el período de esplendor
de la cantata profana. Carissimi y Rossi incorporan
recitativos y arias más elaborados.
Y la escuela bolognesa (con Tossi, Colonna y
Stradella) enriquece el aspecto instrumental.
La escuela napolitana perfecciona el esquema
con Alessandro Scarlatti (¡660 cantatas!),
Vinci, Hasse y Handel.
No halló sucesores en el resto de Europa.
Cuando Schütz adopta el plan al ritual
protestante, surge la cantata sacra, cuyo modelo
practicamente definitivo lo pergenia hacia 1700
el sacerdote de Weissenfels, Erdman Neumeister
(curioso: su apellido casi significa nuevo maestro).
Y así, tanto en la cantata profana como
en la sacra, la fórmula aproximada es
una serie de recitativos y arias (sea solo,
dúo o trío vocal) precedida por
un coral que se repite al final.
Obras son aportes
En el sinfín de aportes geniales de Bach
a la música (compuso 296 cantatas conservándose
200 sacras -cada una pertenciente a las distintas
festividades luteranas-; y 20 profanas -como
Cantata del café y Cantata nupcial),
proveyó a la forma del factor dramático,
es decir, teatral, conducido por la inflexión
actuante de la voz e inducido por un motivo
sonoro que representa la «acción»
(vbg.: el motivo de los pasos en la Cantata
159; el del tumulto en la 80; el del sobresalto,
en la 70; el del regocijo, en la 83; el del
suspiro, en la 13; el del dolor, en la 63).
Como en la ópera. Pero en la cantata,
nada se mueve en el escenario: atrás
de la orquesta estarán los solistas y
el coro. Y sin embargo, la sensación
es escénica.
Escasamente algo agregará el clasicismo
(Haydn: Arianna a Naxos).
El romanticismo enfatizará el aspecto
dramático (Mendelssohn: La última
noche de Walpurgis).
Por fin, el siglo XX la enriquece y evoluciona
(Prokofiev: Alexander Nevsky; Ginastera: Cantata
para la América mágica).
Sin embargo, pocos la recrean como Carl Orff
(1895-1982) en su tríptico -Carmina Burana
(1936), Catulli Carmina (1942, sobre textos
de Cayo Valerio Catulus, muerto en 54 AC) e
Il trionfo di Afrodite o Afrodite Carmina (1950,
sobre textos de Safo y Eurípides)-, que
exterioriza su perspectiva del teatro: la energía
vital y el destino impenetrable.
En las tres cantatas, mediante «cuadros
mágicos» -como los denomina Orff-,
el mundo antiguo se hace presente, tangible.
Desprovisto del tiempo.
Maremandum
El mundo sonoro de entonces -las primeras tres
décadas del pasado siglo XX- se debate
entre lo agónico (el neorromanticismo
fabuloso de Richard Strauss) y la vanguardia
(el percusionismo de Varése), la extinción
del futurismo (Russolo) y del dadaísmo
(Satie), la expansión del impresionismo
(Ravel) y del jazz, el desarrollo del modernismo
(Bartók Stravinsky), del atonalismo (Schoenberg)
y del neoclasicismo (Hindemith).
En el centro de ese maremandum, Orff estrena
(Francfort, 1937) Carmina Burana (desde aquí
nos referiremos a la interpretación que
consideramos ideal, dirigida por Michael Tilson
Thomas).
Una obra clara, directa, efectiva. Pensada en
la intelectualidad para que suene en la realidad.
Sin perder la intención. Superlativa
en su estructura, compleja en su interpretación,
la obra tiene en cuenta al oyente. Se ha acordado
del espectáculo. Y con ella nace un movimiento:
el eclecticismo, que concilia las técnicas
que aparecen más apropiadas al objetivo,
tomadas de distintos sistemas.
Así la orquestación (que requiere
250 artistas, entre soprano, tenor, bajo, coreutas
e instrumentistas), tiene el color impresionista.
La armonía (la sonoridad que hace las
veces de lienzo), es clásica, es decir,
tonal. El ritmo usa fórmulas sencillas
y simétricas (en el N° 20, Banda
21 Ven, ven, ven, los pianos marcan los pulsos
a la manera del rock de Bill Halley y sus Cometas).
La melodía es breve, de pocas frases,
similar a la renacentista melopea.
Y de manera compleja, se yuxtaponen todos estos
elementos, cada uno de una simpleza llana.
Días,
noches y todo
Una breve lectura auditiva de la Banda 17, Dies,
nox et omnia:
0' 00" Se presenta la armonía con
una sonoridad fija, opaca, hecha por las cuerdas
en el registro grave. Sobre ellas, otras cuerdas
se ocupan del ritmo, con pulsos latentes, ligados
de a dos, piano-forte, pero continuo.
Es un diseño suave, ondulante y repetitivo
(daún-daún-daún-daún)
Y sobre el plano formado, el barítono
canta la primera parte de la melodía,
con tres frases:
0' 05" Dies, nox et omnia (Días,
noches y todo)
0' 12" Michi sunt contraria (contra mí
se alza)
0' 19" Virginum colloquia... (palabras
de vírgenes...)
0' 24" (Una pausa).
Y en el verso siguiente, con un golpe de celesta
(sonido similar al de una campanilla asordinada),
las cuerdas sumadas a las flautas, quedan flotando,
formando una pantalla sobre la que el barítono
-convirtiendo su voz en tenorino-, canta:
0' 25" ...me fay planzer... (...me hacen
llorar...).
0' 33" La orquesta calla.
Y ahora, con voz de soprano, solo, canta:
0' 34" ...oy suvenz suspirer... (...y a
menudo suspirar...).
Breve silencio. Y de pronto, el barítono
-siempre solo-, en un timbre de bajo, profundo
y grave, cierra la estrofa:
0' 42" ...plu me fay temer. (...mucho me
hace temer).
Secciones
Musicalmente, entre 0'00" y 0'42"
se ha construido un módulo -tal como
en las cantatas de Bach. Ese módulo se
repite en cada estrofa, modificando nada más
que el texto en cada vuelta. (Así, en
la misma Banda 17 del CD, Ud. encontrará
la segunda estrofa entre 0' 52" y 1' 49";
y la tercera estrofa entre 1' 52" y 2'
49" ).
Cada número tiene su propio módulo.
Carmina Burana consta de 25 números.
Está organizada así:
a) Un Coral (N/ 1, O Fortuna (Oh, Destino) que
reaparece al final (como N° 25: igual que
en la cantata Bach tipo Neumeister que arriba
comentamos)
b) Tres partes: I - Primo vere (En Primavera),
que abarca del N° 3 al N° 10.
II- In taberna (En la Taberna), N° 11 a
15
III- Cour d'amours (En la Corte del Amor), N°
15 a 25
c) Se interpolan dos danzas: el N° 6 y la
apertura del N° 9.
Sus timbres
Es original la variedad de las combinaciones
instrumentales. Imposible no destacar: el N°
3, sin cuerdas y con pequeño coro solo;
N° 4, con un sonido "rebotando"
en la campanilla unida a la flauta y las cuerdas
con sordina; N° 7 y N° 8, alternan pequeño
y gran coro; N° 9 (Banda 10) con el pizzicato
chitarra (guitarra) de violines; N° 12 (Banda
13) sin violines; N° 13 (Banda 14), percusión
y metales unísono con el coro; N°
20 (Banda 21), doble coro con dos pianos y seis
percusionistas; en el N° 24 (Banda 25),
a toda la orquesta y coros, se suman tres partes
de glockenspiels (campanillas).
Otro factor de su clásica fascinación.
¿Y los
textos?.
Son canciones. De allí lo de Carmina,
que se pronuncia Cármina (aunque se puede
decir Carmína -versión paupérrima
de Carmina, es decir, cuando se emplean menos
elementos de los que exige la partitura; o bien
Carmiña cuando se la interpreta mal,
o sea, cuando se la ejecuta).
Provienen del manuscrito hallado en 1803 en
el Convento de Benediktbeuren, cerca de Kolchelsee,
en la Alta Baviera. La Mittel-Europe, la Europa
Central. Fue durante las tareas de secularización
de los conventos de esa zona, por las que se
transferían las piezas literarias a la
Biblioteca Central Real de la Corte de Munich.
El primer compilador de estos manuscritos fue
su bibliotecario Johann Andreas Schmeller, en
1847, intitulándolos Carmina Burana,
por deformación de "Cantares de
Benediktbeuren". El manuscrito de Carmina
importa una vasta colección de piezas
líricas, principalmente latinas, desde
los siglos XI a XIII. El descubrimiento de documentos
paralelos (en Saint Andrews, Escocia; en San
Marcial, Limoges; en Huelgas, España;
en Colonia, Alemania: en Balê, Suiza),
evidencian la enorme expansión de estos
juegos poéticos, sacros y profanos, que
son de una penetrante belleza.
Son casi 600 piezas. (Es interesante comparar
la composición de Orff con la versión
"trovadoresca" de 55 de ellas recreadas
por Clemencic Consort). Sátira, crítica,
parodia, escritas en latín vulgar, francés
arcaico y alemán semimoderno, -a veces,
mezclándose- debidas a improvisados "poetas"
de una comunidad trashumante: los goliardos
(derivado de Goliat y de gula, en el doble sentido).
Una especie de secta, formada por estudiantes
y jóvenes vagabundos (ver la Banda 15,
In taberna) y monjes disidentes (Banda 14, Ego
sum abbas, Yo soy el abad), que se rebelaron
contra el estricto sistema medieval. Esta comunidad
errante y marginal, se extinguió rápidamente
por practicar la poliandria (algo así
como la inversa de la poligamia). Le cantaban
al ocio, a la naturaleza, al vino, al amor libre,
esgrimiendo una "moral" propia y estableciendo
sus extrañas "verdades religiosas",
en un lenguaje impulsivo, desmesurado, satírico,
osado, y en un clima violento y al mismo tiempo,
paródico, reflejando una vida dominada
por la implacable rueda del destino (O Fortuna).
Lo primitivo, la Edad Media, la Grecia Clásica,
el Lejano Oriente y el mundo gregoriano se entroncan
en esta concepción exultante y a la vez,
fatalista de la vida.
La Interpretación
El Jardín de las Delicias de Hieronymus
Bosch (1462-1516), en la carátula del
CD es la ilustración perfecta para esta
interpretación, porque ambas concretan
la intención estética de Carmina
Burana. (Hasta ahora es así. Existen
otras dos que se aproximan, cerca, muy cerca:
las dirigidas por Eugen Jochum y Franz Welser-Möst.
Las restantes -si son en CD- pueden destinarse
a posavasos pasando la rafia del centro hacia
el borde. Colores a elección).
Más de 6.000 metros cuadrados del Auditorio
Masónico de Cleveland fueron testigos
del registro (1974).
Que pone de relieve la potencia espacial y atemporal
de la obra. La dirección supo equilibrar
esa fuerza masiva. Imponderable: en la Banda
16, la voz de la soprano imperturbable durante
33 segundos con la « a » del último
verso (...cordis in custodia.) con absoluta
naturalidad, se eleva amplia y ligadamente en
la Banda 24 con Dulcissime siguiendo un plástico
desplazamiento -coloratura-.
Todo es fluido. Sin fisuras. Con un impulso
que nunca decae.
No parece lo que es: una obra necesariamente
difícil. Dificilísima.
Y nuevamente se confirma que sumergirse en Carmina
Burana, es una experiencia inusitada. Una aventura
exuberante de sensaciones.
No aventurarse significará una frustración.
De por vida.
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