Si fue Couperin Le Grand pour l’Académie,
entonces (tomando el título del “pastiche
para conjunto de cámara” que en
1973 compuso el madrileño Miguel Angel
Coria), será "Ravel for President."
«Quien no ha soñado jamás
con imitar nunca será auténticamente
original», famosa frase de Théophile
Gautier que Maurice Ravel (Ciboure, 7 de marzo
de 1875 – París, 28 de diciembre
de 1937) trasladaba a su alumno Vlado Perlemuter:
«Copiad y si copiando os encontráis
a ti mismo es que tenéis algo que decir».
El alumno enunció el corolario: «Ravel
intentó copiar a Couperin ¡y encontró
a Ravel!».
Luego de tantas imágenes diversas, luego
de tantas incursiones en las más fulgurantes
posibilidades pianísticas que establecieron
la nueva técnica, luego de haber conducido
el discurso de lo intimista hacia lo trascendente,
en Le Tombeau de Couperin Ravel postula el retorno
a la antigua escuela y a la estructura clásica,
pero con una visión moderna.
Es el neoclasicismo. Un reciclaje de los elementos
clásicos (la forma, la línea melódica,
la ornamentación...) a través
de fórmulas armónicas modernas
(cansa repetir estos términos, tan relativos:
clásico, moderno, y para los que resulta
difícil hallar sinónimos adecuados).
El neoclasicismo originario toma, cita el esquema
o el material clásico (especialmente
del renacimiento y el barroco) y lo recrea,
lo moderniza. Sucede, en el principio, con la
Sinfonía N° 1 “Clásica”
(1916) de Prokofiev y la Suite N° 1 sobre
antiguos aires y danzas (1917) de Respighi –para
recordar nada más que dos ejemplos-;
se define poco después (1920), con Pulcinella
de Stravinsky; se enriquece –adquiriendo
recursos y contenidos propios- con la corriente
de la Neue Musik propulsada por Hindemith; y
por suerte, subsiste (sólo piense en
tres casos aislados: el Concierto de Aranjuez
, 1939, de Rodrigo; la Suite francesa, 1944,
de Milhaud y la Sinfonietta N° 3, 1965,
de Arnold).
Hacía bastante tiempo que París
vivía una ola antigua: la firma Durand
presentó dos trabajos (una monumental
“Edición Rameau” dirigida
por Saint-Saëns; y la “Obra completa
para clave” de Couperin supervisada por
el célebre clavecinista Louis Diémer);
se publicaron transcripciones para piano de
partituras barrocas, entre ellas la que hizo
Ravel de la Forlane del Cuarto Concierto Real
de Couperin; la Sociedad de Instrumentos Antiguos
realizó una extensa serie de conciertos
con viola da gamba, viola d’amore, hurdy-gurdy
(o viola de rueda) y clave, con obras de Couperin,
Rameau y Monsigny; y para completar el revival,
varias compañías de ballet resucitaban
–algunas con precisión y otras
con improvisación-, cuanta danza renacentista
o barroca se hallaran al paso.
Le Tombeau (1914-1917) tiene antecedentes (franceses)
estética y técnicamente lejanos:
las fuertes sugerencias de Debussy (el Menuet
y el Passepied de la Suite bergamasque, 1890;
la suite Pour le piano, 1896-1901; Hommages
à Rameau de Images II, 1907). Aquellas
danzas (1896) –incluyendo una Sarabande,
una Forlane y una Pavane- de Ernest Chausson;
y la Suite francesa (1907) de Roger Ducasse
(obra que solamente recurre a la estructura
formal de la suite: Ouverture, Bourrée,
Récitatif et Air y Menuet), el neoclasicismo
perfilado en Le Tombeau (1917) anticipa una
característica post-guerra del mismo
estilo: todos los elementos son originales del
compositor pero están presentados, cubiertos
por un barniz que le da un aspecto antiguo.
Y esto es una máscara perfecta y sutil
de lo esencial, el lenguaje. Subyacente, en
el interior, sobrevolando la obra, está
el sello, la manera inconfundible de Ravel.
Una suite «française»
“No, no es lo que tú piensas. La
Marsellesa no aparece en absoluto. Habrá
una forlane y una gigue ; pero no habrá
un tango”, escribió a su amigo,
el pianista Ricardo Viñes a principios
del ’14. Avanzó en el plan de la
suite (descartó la gigue). Se interpuso
la Primera Guerra Mundial. Pese a estar exento
del servicio militar, Ravel –con 39 años-
se enroló. Sirvió primero en un
tren de avituallamiento y luego como conductor
de vehículos militares. De físico
frágil, su salud falló varias
veces. La desolación que reinaba en su
derredor lo deprimió profundamente. Con
disentería, lo operaron en Châlons-sur-Marne.
El mayor golpe fue la muerte de su madre (figura
decisiva en su vida personal y artística).
Cinco días después volvió
al frente. Otra vez hospitalizado –por
congelamiento-. Fue dado de baja. Comenzó
a sufrir insomnio, tanto en París como
en Lyons-la-Forêt, la finca de campo de
su “madrina de guerra”, la suegra
de su discípulo y amigo el compositor
Roland Manuel. Allí completó Le
Tombeau entre junio y noviembre de 1917.
Fue su última obra solista para el instrumento
en el que había fusionado los timbres
orquestales con la técnica extremadamente
pianística -sucesora de Liszt: baste
comparar sus Juegos de agua de la Villa d’Este
con los Juegos de agua de Ravel-. No obstante,
es imposible una relación directa entre
el virtuosismo romántico y el virtuosismo
raveliano (extendido a todo el impresionismo):
mientras que la bravura del “piano siglo
XIX” busca la acrobacia, el efecto por
el efecto mismo, en Ravel –desarrollando
las conquistas lisztianas-, el efecto responde
a necesidades de movimiento, de color, de acentos,
de fraseo. Requiere volubilidad, velocidad,
brillantez, virtuosismo, sí, pero virtuosismo
aplicado, con significación.
La producción de Ravel puede dividirse
en tres períodos. El último excluye
las partituras (originales) para piano solo:
Primer período (1893 – 1905):
Serenata grotesca, Minué antiguo, Pavana
para una infanta difunta y Juegos de agua.
Segundo período (1905 – 1918):
Sonatina, Espejos, Gaspard de la nuit, Minué
sobre el nombre de Haydn, Preludio, Valses nobles
y sentimentales, A la manera de Chabrier, A
la manera de Borodin y La tumba de Couperin.
Esto es independiente de las obras:
A) para piano duetto o piano a cuatro manos:
Obertura mágica Shéhérazade,
1889; Mi madre la oca, 1908; y las transcripciones
originales, es decir realizadas por Ravel, de
Rapsodia española, 1908; y Fanfarria
para El abanico de Jeanne, 1927.
B) para dos pianos: Entre campanas, 1897; y
las transcripciones originales de: Introducción
y allegro, 1905; Rapsodia española, 1907;
La Valse, 1921; y Bolero, 1928.
C) además de Frontispicio (para 5 manos
en dos pianos) y La Valse (transcripción
original para piano solo, 1920) y Pieza en forma
de habanera (transcripción atribuida).
Tombeau sin tumba
Pese a la funeraria dibujada por la misma pluma
de Ravel en la cubierta de la partitura, no
hay en la obra nada de fúnebre. Lo explica
el programa confeccionado por la Sociedad Musical
Independiente que organizó el concierto
del 11 de abril de 1919 en la Sala Gaveau de
París, donde la pianista Marguerite Long
estrenara Le Tombeau. Con éxito: en febrero
del año siguiente, en los Conciertos
Pasdeloup bajo la dirección de Rhené
Baton, se presentó la versión
orquestal que Ravel hizo de cuatro de los números
de la suite –Prélude, Forlane,
Menuet y Rigaudon- y de estos tres últimos
números, en noviembre, los Ballets Suecos
dieron a conocer en los Campos Elíseos
la versión danzada dirigida por de Jean
Borlin.
Tombeau alude a una práctica francesa
del siglo XVIII: las composiciones que conmemoraban
la muerte de una persona famosa. A manera de
monumento. (Recuerde: Le Tombeau de Mr. de Saint
Colombe de Marin Marais, 1701; o los Homenajes
a Dukas, Debussy y Pedrel, de Manuel de Falla,
1939).
El término a su vez deriva del aplicado
a lamento: tombeaux, déplorations, plaintes
(del medieval latino planctus). En los siglos
XIV a XVII la conmemoración sólo
se refería a los grandes compositores:
los lamentos eran escritos por sus discípulos.
En su Esbozo biográfico (dictado a Roland
Manuel, publicado en 1938) Ravel explica que
“el homenaje está dirigido menos
a Couperin que a toda la música francesa
del siglo XVIII”. (Sin embargo, es evidente
que subyace otra tombeau: la dedicada a su madre,
gran dama basque).
La partitura es más específica.
Porque en realidad cada número es una
Tombeau, dedicada a un amigo muerto en el frente:
el Preludio al teniente Jacques Charlot (primo
de su editor, Jacques Durand), la Fuga al teniente
Jean Cruppi, la Forlana al teniente Gabriel
Deluc, el Rigodón a Pierre y Pascal Gaudin
(amigos de la infancia), el Minueto a Jean Dreyfus
(hijo de su “madrina de guerra”)
y la Tocata al capitán Joseph de Marliave
(marido de Marguerite Long: conmovida en el
estreno, dejó de tocar durante dos años
y hasta que estuvo en condiciones de volver
a actuar en público, Ravel se negó
a dar la partitura a otro pianista).
¿Por qué Couperin ?. Simboliza
el esplendor de la música francesa. Esta
familia dio entre 1626 y 1850, cuatro generaciones
de músicos (todos eran simultáneamente
violinistas, violistas, clavecinistas, organistas,
cantantes y compositores). Después de
los tres hermanos, Louis, François y
Charles, la segunda generación estuvo
representada por el hijo de François,
Nicolás, y por el hijo de Charles, François
llamado “Le Grand” –considerado
el Bach francés-. En la tercera generación,
por el hijo de Nicolás, Amand-Louis.
En la cuarta por sus hijos, Pierre-Louis y Gervais
François. Casi todos los Couperin pasaron
por el cargo de organista de la Iglesia de Saint-Gervais.
Y también casi todos compusieron Tombeaux
para el teclado.
Fue François “El Grande”
quien definió otro esquema de la suite
francesa (postulada por las ediciones de Pierre
Attaignant en 1557), a través de sus
27 Ordres (piezas en orden) –publicadas
en cuatro Libros de Clavecin entre 1713 y 1730-.
La suite, como Ud. sabe, es una serie (suite)
de piezas generalmente precedida por un preludio.
Sus partes son números (no movimientos.
Movimiento implica mayor desarrollo y extensión.
Movimiento es cada parte de la sonata, la sinfonía
y el concierto). Cada número emplea un
solo tema. (¡Ah!, y no la confundirá
con la “suite de...” como selección
de números extraídos de un ballet
o de una ópera, en cuyos casos se rotulará
como suite del ballet Tal... o suite de la ópera
X...).
Si las piezas son descriptivas se trata de
una suite –suite a secas, o suite moderna
o mejor, suite descriptiva. (Carnaval op. 9
de Schumann o Cuadros de una exposición
de Mussorgsky, para citar siquiera dos ejemplos).
Es un modelo de suite que surge hacia mediados
del siglo XIX.
En cambio –y allí está
Le Tombeau-, se trata de la suite de danzas
si las piezas responden –obviamente- a
fórmulas de danza (todo tipo de danza.
La Suite para orquesta de cámara, 1921,
del checo Erwin Schulhoff, incluye ragtime,
tango, shimmy, valse boston, entre otras).
Claro que la suite de danzas más aplicada
por los compositores responde al modelo barroco
(inmediatamente acuden las Suites inglesas y
las Suites francesas de Bach). Al preludio suceden
varias danzas de diverso origen. Enunciando
las que recordamos –y en la terminología
generalizada, la francesa-: allemande, courante,
sarabande, gavotte, gigue, passepied, bourrée,
echo, menuet, polonaise, loure, air, musette,
forlane, rigaudon, tambourin, horn-pipe, badinerie,
gallarda, canarios, chacona, pavana, passcaille,...
(Ud. agregue otras, por favor). Vale acotar
que a su vez existen distintas variantes de
cada danza, conforme su procedencia y evolución:
no es lo mismo una gigue (francesa) que una
jig (inglesa o irlandesa o escocesa) que una
giga (italiana) que una jiga (española).
Y por supuesto que el carácter bailable
sucumbió al progreso instrumental: la
danza sólo es el esqueleto rítmico
que sostiene el desarrollo melódico y
armónico. Cada número es más
que una danza. Es toda una forma, desarrollada,
autónoma y a la vez integrada al grupo,
a la serie.
Cualidades –entre otras- que –tras
desaparecer con el final del barroco, hacia
1750-, le permitieron ser recuperada por el
pasado siglo XX.
Con esta interpretación a la altura
de la obra, intentemos apreciar Le Tombeau de
Couperin
Preludio
Del latín praeludere, «tocas previamente».
Se remonta a las tabulaturas organísticas
de Ileborgh (1448) nació como ejercicio
pedagógico. Una preparación, una
introducción (recuerde los que preceden
a cada fuga en El clave bien temperado, 1722
y 1744, de Bach). Se independizará con
Chopin (24), se enriquecerá con Scriabin
(90) y Rachmaninov (24), adquiriendo contenidos
programáticos con Debussy (24).
Tiene una característica fundamental
y dominante: el diseño, ese dibujo rítmico-melódico
regular (sea arpegios, acordes, escalas, figuraciones
digitales, etc.).
§: Banda 4: Prélude
0’ 00” Se presenta el diseño
(Ravel emplea el tipo de movimiento perpetuo,
con figuraciones arpegiadas uniformes. Sugiere
el Preludio 8° del Apéndice al tratado
El arte de tocar el clavecín publicado
por Couperin en 1716).
0’ 03” Aparece, repetido, el tresillo
(imitando al mordente, el ornamento clásico
del barroco francés. El tresillo recorrerá
todo el preludio.
0’ 30” Guiada por el tresillo, comienza
una progresión
0’ 42” Puente. Se oye sólo
el diseño. El efecto es que todo queda
detenido y a la vez en movimiento (Este efecto
ratifica las palabras de Alfred Cortot: “La
música de Ravel posee una movilidad mercurial”).
0’ 52” Desarrollo
1’ 36” De nuevo la progresión
1’ 47” En la cima, el tresillo.
La sonoridad se amplifica. Y con el diseño,
rápido descenso.
1’ 56” Reexposición abreviada
2’ 08” Coda: Desde lo grave, y “como
la surgente de una fuente: Juegos de agua”,
emerge un arpegio que culmina en un trino. Aprecie
la sonoridad remanente: tiene la luz del impresionismo.
Fuga
Es una prueba de la “arquitectura musical”.
Construida en base a un motivo (sujeto) que
transcurre en todas las líneas (voces),
va formando una textura polifónica. Adquirió
su estructura definitiva con Bach. Su principio
ordenador, severo y a la vez pleno de fantasía,
se consideraba la imagen de una armonía
universal superior.
§: Banda 5: Fugue
El tempo y el discurso evocan la Pavana de la
bella durmiente del bosque y el coral final
de El jardín feérico, ambos números
de Ma mère l’oye (original para
piano a cuatro manos).
Es una fuga a 3 voces, a partir de este sujeto:
0’ 00” Exposición: Sola,
la 1ª voz canta el sujeto (se reconoce
por su cabeza:
2 notas – 3 notas). Las notas subsiguientes
conducen la línea de esta voz que sigue
su desarrollo.
0’ 10” Ingresa la 2ª voz. Es
la respuesta: imita al sujeto. 2 notas –
3 notas. Y sigue con su
desarrollo.
0’ 15” Se superpone la 3ª voz.
Es de nuevo el sujeto en otro registro: 2 notas
– 3 notas. Y
sigue con su desarrollo
0’ 20” Ya coexisten las 3 voces:
arman la textura polifónica (las líneas
se entrecruzan, con distintas direcciones, con
distintas figuraciones, en contrapunto).
0’ 45” Episodio (Pasaje variado
en el que no aparece el sujeto sino frases derivadas
de él o
de la respuesta)
1’ 09” Desarrollo: Reaparecen, en
un primer plano, las notas cabeza del sujeto
(2 – 3 notas)
1’ 34” Cuando parece que “cierra”,
renace el sujeto (2 –3 notas)
2’ 16” Episodio. Culmina descendiendo
hacia lo más grave.
2’ 49” Reaparece el sujeto: es otro
desarrollo breve
3’ 03” Reexposición (abreviada):
Más claramente que nunca, nos presenta
el sujeto como al principio
3’ 18” Coda: Retardo. Las 3 voces
se unen.
Forlana
Danza de Italia septentrional (danza de Friul
o Friuli, la antigua provincia del Veneto).
En el siglo XVI, aparece entre las recopilaciones
como semejante al passamezzo. Pero a partir
del barroco (especialmente con la escuela veneciana),
queda definida como una danza alegre y a la
vez elegante, con ritmos punteados, en compás
de 6/4 o 6/8. Se baila en metro ternario; por
lo tanto con tres giros de dos pasos cada uno.
Con sus balanceos, en el siglo XIX, la forlana
o furlano o furlana, derivará en la barcarola).
§: Banda 6: Forlane
0’ 00” Presenta la célula,
de ritmo marcado y siempre en relieve:
Es la característica dominante.
0’ 09” Y repitiendo frases, arma
la melodía
0’ 32” Elaboración: esta
melodía vuelve una y otra vez con cambios
en la armonía y en los matices.
1’ 42” Retorna, casi idéntica,
como al principio.
1’ 56” Episodio (¿o desarrollo?).
El motivo, más rítmico y plagado
de ornamentos (especialmente con imitación
del mordente)
3’ 03” Retorno de la melodía
3’ 31” Nuevas elaboraciones armónicas
3’ 50” Episodio: más rítmico
aún y con nuevos acordes. Siempre ornamentado.
4’ 33” Nuevas variantes de la melodía.
Trinos. Aumenta el balanceo.
5’ 01” Coda: alargando el tempo.
El motivo interroga dos veces. Contesta con
tres réplicas del motivo ascendiendo.
Cierra en el grave con una especie de mordente.
Rigodón
Esta antiguo “baile de figuras”
provenzal en dos o en cuatro tiempos –emparentado
con la bourrée-, en sus comienzos era
alegre (rigoler: divertirse) y de ritmo vivo,
respondiendo a su origen campesino (se trataba
de una contradanza: country, campo). Pero al
trasladarse a la corte adquirió un aire
elegante y un movimiento más pausado.
Los Luises, XIII, XIV y XV la impusieron como
pieza oficial. (Al trasladarse a los castillos
ingleses, se llamó rigadoon). Así,
desde que fuera incluida en las ópera-ballets
de Lully, Rameau y Campra (transición
del s. XVII al XVIII), la rigodón quedó
dividida en dos tipos: la aldeana (contradanza)
y la cortesana (danza).
§: Banda 7: Rigaudon
Al igual que Grieg en la Suite de los tiempos
de Holberg (1884), Ravel combina ambos tipos
de rigaudon.
0’ 00” Rigaudon aldeana (contradanza)
0’ 44” Rigaudon cortesana (danza).
La frase final evoca el motivo nostálgico
que domina el Adagio del Concierto para piano
(1931).
1’ 52” Rigaudon aldeana
Minué
Aproximadamente en 1650, Pierre Beauchamp,
el maestro de baile de la corte de Luis XIV,
logró que se incorporara una danza también
campesina oriunda de Poitou. La bautizó
menuet : los pasos son cortos, menudos (menu).
Reemplazó rápidamente a otros
bailes más antiguos (courantes, pavanas,
branles, gallardas) y se extendió por
toda Europa. (Lully, Muffat, Pachelbel, Fischer,
Bach y otros lo incluyeron en sus ballets, óperas
y suites. Después ingresó –desarrollado
como movimiento- en la sonata y la sinfonía).
El metro del minué es 3 / 4 y originariamente,
de tempo moderado. El esquema del minué
francés del siglo XVIII era Minué
I – Minué II – Minué
I. Generalmente, el Minue II era una variante
del primer minué u otro minué.
Este Minué II se llamaba Trío
(término extendido como sección
media en el minué de sonata y sinfonía)
debido a la práctica –en procura
de la variedad- de ejecutarlo con la orquesta
reducida a sólo 3 instrumentos (casi
siempre dos oboes y un fagot).
La misma fórmula había adquirido
una danza lenta, en 2/4 o 4/4 , en boga hasta
la Revolución Francesa, la Gavotte (proviene
del Pays de Gap, Francia; sus habitantes se
llaman gavots). Así se presentaba como
Gavota I – Gavota II – Gavota I.
La Gavota II se llamaba Musette, que era una
Gavota con un bajo persistente que imitaba al
roncón de un instrumento a fuelle, la
gaita francesa o musette (empleada sólo
en las cortes), confiriéndole un carácter
pastoril.
§: Banda 8: Menuet
Respetando el esquema ternario clásico
del siglo XVIII, Ravel combina las fórmulas
del Minué y la Gavota, resultando: Menuet
– Trío: Musette- Menuet.
0’ 00” Menuet: Melodía.
Siempre se destaca la cabeza ornamentada del
motivo.
0’ 16” Melodía (una sección
casi idéntica)
0’ 30” Elaboración
1’ 01” Melodía
1’ 16” Musette (como sección
Trío): Melodía con ritmo de gavota.
En el grave se oye
el “bajo sostenido” (el roncón
de la gaita francesa o musette)
1’ 32” Repetición casi idéntica
de la melodía.
Referencia a Embarcamiento para Cythère
(s.XVIII), cuadro de Jean-Antoine Watteau
1’ 47” Elaboración: una progresión
en acordes. Dramática. El único
momento de efecto
trágico en toda la suite.
2’ 18” Retorna la melodía
2’ 34” Menuet
3’ 35” Un diseño en arpegio
modifica el carácter del menuet. La melodía
siempre ornamentada.
3’ 44” A la nota sola –ornamentada-,
responden arpegios. ¡Cuánto sugiere!.
4’ 00” Acordes más lentamente.
Quieto.
4’ 04” Coda: la cabeza –ornamentada-
del motivo desciende.
Resuelve con un trémolo rodeado por una
armonía moderna.
Toccata
Del verbo italiano toccare, tocar. Por lo tanto,
una composición para instrumento de tecla
que debe ser “tocada” (en el sentido
de estar en contacto: es para “manuales”,
teclados. Y como una oposición llana
a “música cantada”, cantata).
Su principal característica es la repercusión:
en ejecución veloz y repetición
constante, el dedo abandona la tecla tan pronto
como se ha producido el sonido e inmediatamente
es ocupada por otro dedo de la misma u otra
mano. En la repercusión –efecto
de martillo-, se incorporan también acordes
e intervalos y toda emisión simultánea
de dos o más sonidos. Todo esto incrementa
el efecto de virtuosismo que impera en la toccata.
Con Claudio Merulo (1503-1604) se organizó
en secciones breves alternando pasajes de toccata
con pasajes fugados (el modelo que adoptará
Bach). Luego Girolamo Frescobaldi (1583-1643)
reemplazó los fugados por pasajes libres.
La manera definitiva la estableció Bernardo
Pasquini (1637-1710): un perpetum mobile dominado
por la repercusión que se convirtió
en la palestra del virtuosismo en el teclado
(desde la Toccata op. 7 de Schumann hasta la
Toccata op. 11 de Prokofiev).
§: Banda 9: Toccata
Ravel adopta el modelo de perpetum mobile combinado
con el de pasajes libres.
0’ 00” Repercusión de una
nota
0’ 06” Alla Toccata: En medio de
la repercusión, va surgiendo la “melodía
de fuertes acentos”. La rodea un prodigio
de la rítmica percusiva, con una motricidad
continua. Sugiere a Scarbó de Gaspar
de la nuit (1908)
0’ 47” Pasaje libre: arpegiado y
un pasaje más lírico, cantabile.
1’ 03” Alla Toccata: cada vez más
brillante (¡y difícil!).
1’ 25” Libre: Ambiente impresionista.
(Evoca el pasaje que se escucha a los 14’
27” del Concierto para la mano izquierda,
1931).
1’ 48” Alla Toccata
1’ 55” Libre: canta con acordes
2’ 08” Alla Toccata
2’ 17” Desarrollo: superpone el
“cantabile” (mano derecha) y la
“repercusión” (mano
izquierda).
2’ 40” Alla Toccata
2’ 49” Brevísima pausa. Y
comienza una progresión conjugando la
“melodía acentuada”
con la repercusión. Ascendente y crescendo,
hasta la “cesura” (detención
súbita).
3’ 12” Asciende de nuevo con la
repercusión. Resuelve la “melodía
acentuada” en medio
de acordes percusivos.
3’ 38” Coda: la repercusión
se amplifica. Recorre todo el teclado. Desplome
final.
« ...¡Y encontró
a Ravel ! »
Esta frase de su alumno Vlado Perlemuter...
ahora que recorrimos toda la suite, parece más
acertada.
Como nosotros, ¿Ud no tiene la sensación
que Ravel fue liberándose de cinco máscaras,
desprendiéndose de cinco máscaras
superpuestas para presentarse real y energético?
Desde el ropaje velado, ampuloso y dorado del
Prèlude hasta la autenticidad moderna,
vital y anticipatoria de la Toccata.
Sí. Ravel fue emergiendo desde la sutil
apariencia hacia la verdad de su lenguaje. Desde
antiguo hacia futuro. Y como Le Tombeau de Couperin
desde 1917 es un clásico del pasado siglo
XX, viajó de lo clásico a lo clásico. |