Marcelo
Arce. Arquitecto y partícipe del disfrute
En la penumbra de su habitación de púber,
Marcelo Arce escucha la radio. De pronto, un
sonido maravilloso, que él desconocía,
lo conmociona. “Era la Séptima
Sinfonía de Beethoven. Y escucharla
significó para mí un cambio en
mi vida”, recuerda el melómano.
Sólo después, Arce descubrió que
su mamá había estudiado piano,
y “no quería que yo estudiara
música, para que no sufriera”.
Fue una suerte que Marcelo Arce, docente, investigador
y estudioso de la música, desoyera los
consejos de mamá.
Trabaja incansablemente en la divulgación
de la música clásica. Habitualmente,
da cursos en El Ateneo, escribe columnas especializadas,
tiene un programa en Radio Provincia (¡Música,
maestro!, de lunes a viernes de 0 a 1), una
página de internet (www.marceloarce.com)
y ofrece Didácticos,
como el que el próximo 25 de junio dará en
el auditorio del Pasaje Dardo Rocha de nuestra
ciudad.
Una marca registrada
Apreciación musical es el nombre del
método que Arce utiliza para explicar
la música. ¿En qué consiste?
-Es un método que inventé yo.
Lo que hago es guiar al oyente en sus apreciaciones,
mediante distintos recursos, tales como la
gestualidad, el movimiento y la interpretación.
Así, las personas que asisten a estos
espectáculos (que son temáticos)
verán a Marcelo dirigiendo una orquesta
imaginaria.
“Focalizo la atención creando una orquesta
con los brazos y las manos para que los oyentes
puedan asociar los instrumentos que están
escuchando”, explica.
Arce empezó en respuesta a un desafío: “Hace
30 años, yo estaba estudiando Derecho
en la UBA y un profesor me dijo: ¿Qué pasa
que tus compañeros no vienen a los conciertos
del Auditorio? (esos conciertos eran antológicos).
Y yo le respondí: Porque no comprenden.
Así que me propuso pensar un método
para que se acercaran y entendieran. Y me puse
a diagramar cuadritos. Mi idea era: cómo
me explicaría a mí mismo -si
no supiera música- la música.
Así, partí desde el llano. Y
es el mismo método -perfeccionado- que
sigo utilizando”.
Su objetivo es hacer disfrutar, cual una geisha
musical dispuesta a compartir secretos. “La
música es energía”, dice. “Cuando
una obra de arte nos llega, como dicen las
viejas tías, es porque hay sinergia.
Algo que, muchas veces, no sabemos qué es.
Desde el principio, lo que sentimos con la
música es me gustó, no me gustó.
Pero cuando yo les explico: el violín
es el pastor, el disfrute es mucho mayor porque
uno se adentra en la obra conociendo los detalles.
No cónoce sólo el bosque, sino
los árboles que lo conforman”,
grafica.
Un trabajo documentado
Arce trabaja con un repertorio básico
de 240 compositores. En La Plata, va a presentar
un espectáculo sobre Wolfgang Amadeus
Mozart. “No sólo porque es su
250° aniversario, sino porque Mozart es
una bisagra en la historia de la música”,
sentencia. El espectáculo (éste
y los demás) está pensado como
un recorrido por la obra del compositor en
cuestión (o del tema a tratar). “Tienen
la apoyatura de un DVD exclusivo”, remarca
el maestro, “preparado especialmente”.
Es que es un trabajo de coordinación
que le demanda mucho esfuerzo, “por el
equipo y por el armado técnico; por
ahí estamos días y días
trabajando para un pasaje musical que durará apenas
unos segundos. Ahora mismo estoy con Don Giovanni
(N. de la R: una ópera de Mozart) y
en un momento hay una carta. Estoy buscando
las imágenes que correspondan a ese
texto. A lo sumo durará 5 segundos”.
Pero Marcelo -riguroso- buscará la imagen
perfecta el tiempo que sea necesario. No hay
improvisación. Todo lo que Arce dice
está fundamentado “con investigación”.
No es algo que invento yo; si así lo
hiciera sería un escritor magnífico”,
dice, riéndose. “La verdad es
que está todo documentado, con cartas,
con partituras, con notas de los compositores”.
“Pancho, volvé”
Esta entrevista fue hecha en dos momentos.
Antes del espectáculo que Marcelo
Arce dio en Paraná, y al día
siguiente, cuando el experto ya estaba en
su casa de Buenos Aires.
De todos sus espectáculos, vuelve con
anécdotas. “La música moviliza
la emoción”, explica. “Ayer,
en Paraná, la gente se reía porque
les conté que, durante el imperio de
Francisco José -el esposo de Sissi-
el monarca sacó un decreto por el cual
todos los hombres casados podían hacer
vida de solteros entre la medianoche y las
seis de la mañana, hasta que sonaban
las campana; si los descubrían después
de esa hora, iban presos. Son los famosos hombres
murciélago y de ahí la opereta
El murciélago de Johann Strauss. Y los
hombres gritaban: Volvé, Pancho, volvé.
Fue muy divertido”.
“Pero luego hubo un giro”, continúa, “escuchamos
un pasaje de Adiós Nonino, de Piazzolla,
y todos estábamos muy emocionados”.
Es que su trabajo es para él una “delicia
total”, que le permite conmoverse. “Por
ejemplo, en Bariloche una chica me confesó que,
gracias a que escuchó una obra de flauta
que presenté, empezó a estudiar
flauta y ahora se va, becada, a Alemania. O
una pareja de novios que fue a verme -ella
había ido casi de compromiso, a regañadientes-.
Se entusiasmó tanto, que se puso a estudiar
Historia del Arte. De cualquier modo, no es
mérito mío, sino de la música”.
“El secreto está en la música”.
Y para Marcelo, la música no tiene arcanos.
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