Uno de los fenómenos más resonantes de los últimos años en materia musical, reinicia hoy su ciclo en Paraná. Se trata del musicólogo y docente Marcelo Arce, que vuelve con su espectáculo de Apreciación Musical a presentarse en el Teatro Municipal 3 de Febrero.
El ciclo, organizado por la Asociación Mariano Moreno, comenzará a las 21. En la oportunidad se abordará la obra de dos grandes compositores: Piotr Ilich Tchaicovsky y George Gershwin en un espectáculo didáctico para todo público.
Para lograr su objetivo, Arce recurrirá a las posibilidades de las nuevas tecnologías y el multimedia. Así, en pantalla gigante, y a través de registros en video disco digital (DVD), podrá escucharse la obra de estos dos talentosos autores.
Como es habitual desfilarán algunas rarezas que el estudioso denomina perlitas para redondear un espectáculo que tiene en Arce a un incomparable maestro de Ceremonia.
En diálogo con EL DIARIO, el conductor adelantó algunos aspectos del encuentro que mantendrá esta noche con la audiencia local.
—¿Por qué calificar a Thaicovsky y Gershwin como dos grandes románticos?
—Automáticamente a Tchaikovsky (1840-1893) lo encasillamos entre “los clásicos” y a Gershwin (1897-1937), entre “los modernos”. Sin embargo, están unidos por la veta romántica.
Entre otras claves para reconocer si una obra pertenece al estilo romanticismo, podemos señalar: la melodía expansiva, una tensión constante —que se resuelve al final del movimiento—, enormes acordes, potencia y grandes masas sonoras, cambios súbitos de ritmo e intensidad —como pasar de luz a sombra—, orquestación colorida. Estos y otros detalles aparecen en la producción de Tchaikovsky y Gershwin, aún cuando cada uno conserva su personalidad, su lenguaje que los hace inconfundibles. Obviamente tienen diferencias técnicas —especialmente en la armonía y en recursos de orquestación. Así, concretamente, las obras de Tchaikvosky son románticas y las de Gershwin son neorrománticas. Pero para los que no sabemos música, inmediatamente percibimos en ambos el mismo melodismo. Los dos hacen prevalecer la melodía.
También convergen en los ideales románticos: la fantasía, la descripción, lo pasional, lo dramático, el heroísmo, la libertad. Sus fuentes de inspiración son la historia, la leyenda, la literatura.
—¿Qué puntos de intersección puede rescatar entre ambos compositores?
—Varios. Recuerdo ahora el más evidente: los dos construyen la mayoría de sus melodías en base a cuatro notas. Una comparación clara la haremos al ver dos momentos de ballet clásico con coreografía del célebre Georges Balanchine. Un pas de deux sobre el tema de amor de la Sinfonía N° 3 de Tchaikovsky, y un pas de deux sobre la canción El hombre que amo de Gershwin.
Por otra parte los dos exploran en la música descriptiva con notable maestría y precisamente las obras principales que presentaremos en pantalla gigante lo atestiguan: Capricho italiano de Tchaikovsky y Un americano en París. Son como cuentos musicales. Casualmente las dos obras nacieron durante los viajes de los compositores, que volcaron sus impresiones, sus vivencias. Le comentaré al público qué escenas van pintando con la gran orquesta.
—¿Por qué seleccionó el Capricho italiano y el Concierto para piano y orquesta de Tchaicovsky para comentar?
—Pues no sólo nos ayudan a conocer el mundo y la vida de Tchaikovsky, sino también porque son muestras acabadas del sinfonismo, el melodismo y el poder descriptivo del compositor.
El movimiento de concierto para piano y orquesta, pone en evidencia el tremendo virtusosismo que pide al solista y su integración con la masa sinfónica. Emplea dos danzas cosacas y en contraste, un tema que el autor marca como tema de amor. Será muy fácil diferenciarlos, hallarlos mientras lo vemos en la pantalla gigante. Algo similar sucederá con el movimiento del Concierto para piano y orquesta de Gershwin que apreciaremos en la función.
—Porgy and Bess y Un americano en París son dos de las obras más conocidas de Gershwin, ¿Cómo planteará su aproximación al público en este encuentro y con qué claves de lectura se acercará a ellas?
—Estos dos genios crean óperas veristas, realistas. Así compararemos la bellísima Aria de la Carta que canta Tatiana en la ópera Eugenio Oneguin de Tchaikovsky con el lírico Dúo de Amor de la ópera Porgy and Bess de Gershwin.
Sobre Un americano en París, además de narrar su historia —cómo surgió, impulsada por Ravel—, mostraremos sus escenas, que Gershwin convierte en imágenes musicales, como un film, y que se corresponden con la realidad que él vivió en París, tal como lo contó a su amigo Deems Taylor. Él es el americano que vive las experiencias que narra: el Barrio Latino, La Madelaine, el Bar Americano, el idilio en la fuente, las bocinas atravesando los Campos Elíseos... incluso con un charleston le da vida a una litografía de Toulouse Lautrec sobre un clown, “Cholocat”. Espero contarlo bien, porque uno de los objetivos primordiales de estos espectáculos es que aprendamos qué describen las obras, desde luego, siempre basados en investigación, documentación, o en algunos casos, simplemente lo indicado en la partitura.
—A su criterio ¿en qué aspecto reside la grandeza de Gershwin, que realizó una de las síntesis musicales y estéticas más admirables del siglo XX?
—Gershwin luchó y logró conferir a los temas de jazz y de música negra la nobleza que algunos le negaban. Sus excepcionales dotes de melodista lo llevaron a escribir cientos de canciones. Combinó elementos auténticos con la técnica clásica, escolástica —incluso, aparecen toques del origen ruso—judío (Gersjovits). Así, por ej., un blues aparece como tema central de una forma escolástica como es el concierto: se escucha en el segundo movimiento de su Concierto para piano. Fue un camino largo y febril. Nacido en una familia muy modesta, su vocación fue tardía y sólo sus cualidades de pianista e improvisador le permitieron emerger del anonimato. Autodidacta, estaba obsesionado por progresar en la técnica de composición. Por eso viaja a Europa, buscando profesor. “No tengo nada que enseñarle” le contestó Ravel. Y Stravinsky, Rachmaninov, Schoenberg, entre otros, fueron sus defensores.
—¿Qué perlitas presentará en el encuentro de hoy?
—Entre las rarezas compartiremos un momento de Un americano en París en versión para dos pianos grabada por el mismo Gershwin en dos rollos que se sincronizan. Para el Capricho italiano, la rareza la aportará el famoso tenor Tito Schipa: es una grabación de 1921, tomada de casualidad, en Nueva York y presenta la canzona a la que Tchakovsky apela como eje de su obra..
volver
arriba |