Cuando en diciembre
pasado las clases de apreciación musical
llegaron a su fin, había en los rostros
de quienes habitualmente concurrimos una mezcla
de vacío y esperanza, si la coyuntura
lo permitía, volveríamos a festejar
en abril.
A nadie, en su sano juicio, se le ocurriría
realizar un ayuno de 4 meses y algunos días,
así, como el cuerpo necesita cuidado,
el alma también.
Y abril llegó, y con él La Fundación
Cofradía reanudó el ciclo y nuestras
almas recuperaron su alimento, su cuidado.
En el ambiente se podía percibir la ansiedad,
el deseo de reencuentro... y Marcelo Arce tomó
su lugar en el escenario, estaba sonando la
danza cosaca, cornos, bombos, cuerdas... de
allí a las estaciones de Tchaikovsky
y su Junio, un instante.
Lograda la tensión necesaria para ingresar
en el Romeo y Julieta (Ivan y Ludmila) y del
amor inocente al amor redentor, a "gran
orquesta" arribamos a la "Obertura
1812", tema central de la clase, una obra
de circunstancia inicialmente encargada a Tchaicovsky
para la consagración de la Catedral,
cosa que no pudo ser debido al asesinato del
Zar Alejandro II, si no, la música hubiese
sido otra, así que en vez de consagrar
la Catedral, evocamos la victoria Rusa frente
la ejército napoleónico, coincidente
con los 70 años de la batalla de Borodino,
y los sonidos cobraron vida en las manos del
"Maestruli" y hubo magia, y hubo asombro.
Pudimos, una vez más, ver los sonidos
de la "clásica música".
Sí, las almas se mostraban satisfechas,
pero como ya sabemos, todo llega a su fin, y
la función terminó, el público
se fue retirando, como sin querer
irse, a paso lento, entre sonrisas, ojos brillantes
y comentarios elogiosos.
Terminada la función, pudimos hablar
con el Maestro Arce una vez más. Aquí
reproducimos parte de esa charla.
- Maestro, ¿qué sintió
al culminar el ciclo anterior y qué siente
al regresar?
- Sentí irme porque me sentí muy
pleno. Noté que el público, y
yo mismo, íbamos creciendo en la relación,
incluso el público empezó duro
y se fue aflojando, se fue entregando y yo también,
me daba pena interrumpir, pero, por cuestiones
de organización, de fechas... no se pudo.
Y volver, como pasa siempre, genera mucha expectativa.
Hoy, mientras me ubicaba en la habitación
pensaba: ¿Por qué estoy tan nervioso?
¡Como si fuera la primera vez que vengo!
Sé que es un público muy sensible,
muy exigente, muy inquieto, entonces ahora,
que la relación creció, también
creció la responsabilidad, estuvo bárbaro
y Tchaikovsky es un puente magnífico.
- El próximo encuentro, Mozart.
- Sí, porque el temario lo voy armando
de acuerdo con la reacción del público,
así que Mozart y después seguramente
haremos una gala Ballet con Nureyev, Fontayne,
hay que verlos.
- Y ¿De Bach a los Beatles?
- Tienen que pedirlo ustedes, es un ciclo, son
4 funciones, se puede hacer en una, pero son
muy largas, duran unas 3 horas cada una, habría
que combinar pues la sala es chica y tenemos
que hacer dos funciones, podría ser la
primera de 17 a 20 y la segunda de 21 a 24 hs.
Si la gente está dispuesta, yo no tengo
problemas, podemos hacerlo en dos etapas o capítulos,
o los 4 que requiere el ciclo, el tema es que
quedarían muy espaciadas, yo vengo una
vez por mes.... Además, no nos olvidemos
que también tenemos Beethoven-Elvis Presley,
Vivaldi-Jazz, Mozart y Lennon, Chopín
y Queen, por ejemplo.
Ahora me hubiera gustado hacer el Réquiem
de Mozart, una locura mía, traje hasta
el material, la fecha lo amerita, coinciden
la Pascua y el Pesaj, y Mozart combina la escala
judía y la católica, pero están
las reuniones familiares, algunos se van de
viaje, en fin, queda para otra oportunidad.
- Entonces, tenemos cubiertas las expectativas
para todo el año.
- Sí, vamos a seguir hasta diciembre,
el segundo jueves de cada mes, seguimos con
Mozart, después Ballet, Ópera
(Carmen, La Traviata).
El ciclo continúa el jueves 11 de mayo,
no llamen, no inviten a otras actividades, los
barilochenses, Marcelo Arce, Mozart y yo tenemos
una cita.
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