“Muchos músicos cultos
de aquí y del extranjero han gestado
una elite que ha conspirado contra la difusión
de la música”, admite Arce.
(foto: Julio Blanco)
“Lo que hago es guiar al oyente en sus
apreciaciones mediante distintos recursos, como
la gestualidad, el movimiento y la interpretación.
Focalizo la atención creando una orquesta
imaginaria con los brazos y las manos para que
puedan asociar los instrumentos que están
escuchando”. Mientras explica cuál
es el propósito de su trabajo, a partir
del método de Apreciación Musical
que ha creado, Marcelo Arce se acompaña
con enérgicos ademanes.
El contraste puede sorprender al ocasional interlocutor.
Y es que a primera vista, este docente que el
fin de semana visitó Paraná para
ofrecer uno de sus encuentros, encajaría
más bien en el tipo tímido y retraído.
Sin embargo, al escuchar música o al
hablar de ella se transforma en un volcán.
Y a partir de esta actitud, y con la generosidad
del buen maestro, “enseña los secretos
de la música más erudita a gente
que temblaba apenas le mencionaban a Beethoven,
Verdi, Puccini, Mahler o Tchaicovsky”,
tal como lo explica Carlos Ulanovsky. A partir
de allí, “el aficionado comienza
a apreciar lo que es la importancia de la música
para una vida mejor”.
El sábado, en el marco del ciclo Roemmers
junto a la cultura, organizado por este laboratorio
farmacéutico, este investigador y estudioso
se presentó en el Teatro Municipal 3
de Febrero con un espectáculo de apreciación
musical. En este caso, una Gala dedicada a Johann
Strauss II. Durante tres horas contagió
su pasión a un auditorio repleto al que
cautivó y con el cual gozó de
un acontecimiento singular.
“Así, aprender no cuesta”,
era el comentario al finalizar la presentación.
Y es que apoyado en su erudición y complementado
con recursos técnicos (imagen, luz y
sonido), Arce redondeó un espectáculo
pocas veces visto. Acercarse a un fenómeno
tan multifacético y complejo como el
de la música, más aún el
de la música clásica, tiene en
él un maestro de ceremonia que desacraliza,
aventa prejuicios e invita a saltar sobre ellos
para acercarse a un mundo fascinante y riquísimo.
RESCATE.
- ¿Por qué eligió la figura
de Johann Strauss II para esta Gala?
- Como tantas figuras, la de Johann Strauss
hijo está cubierta por un barniz equivocado
de popularismo. Al igual que Salieri, por ejemplo.
En el caso de Strauss, su obra ha sido popularizada
a través de grabaciones que han desvirtuado
su trabajo, desdibujándolo. Sus composiciones
han sido interpretadas en infinidad de versiones
y por muchísimas orquestas, pero como
un triste reflejo del original. Son casos en
los que el arte ha hecho mal al arte; equivocaciones
históricas. Y yo trato de revertir esa
idea.
Strauss fue un gran maestro que por las circunstancias
sociales de su tiempo fue considerado un ícono.
Pero malas versiones y una elección recortada
de su repertorio lo han colocado como un compositor
de valses cuando en realidad fue mucho más
que eso. Ocurre que cuando muere Strauss, a
fines del siglo XIX, su música es encuadrada
como social (para amenizar veladas y tertulias
en los salones) desdibujándose el sentido
original de los arreglos. Y además, hay
que repetirlo, se hacen pésimas grabaciones.
Eso vulgarizó un fenómeno riquísimo.
PAUTAS.
- ¿Qué es lo primero que percibe
un oyente común al acercarse como neófito
al mundo de la música clásica,
por ejemplo?
- Cuando recibimos una obra, lo primero que
nos llega es el estilo, lo que nos impacta a
través de la sensibilidad. Luego llega
el conocimiento. Vendrá el análisis
de contenido, la forma, los motivos, la orquestación,
los arreglos. Es un proceso similar a degustar
vino, por ejemplo, en el que luego de la primera
impresión uno comienza a descubrir en
el líquido su tonalidad, su brillo, su
aroma, su textura. Y eso enriquece al producto,
pero también a quien lo prueba.
- ¿Qué piensa de esa
idea que sostiene que se debe dejar al público
la elección de lo que vale la pena y
lo que no?
- Si no contamos con toda la información
necesaria, es posible que lleguemos a tomar
una decisión errónea o parcial.
El público también se equivoca.
Y hay que decirlo: hay escasa formación,
al menos en materia musical. La gente no conoce
la Música Antigua, por ejemplo. Igor
Stravinsky dijo alguna vez: “Cuanto más
conozco la música antigua, más
me entusiasma la música del futuro”.
Nos falta inquietud, nos falta aprender. Y sobre
todo conocer a nuestros propios compositores,
a los argentinos. En este sentido sostengo que
Alberto Ginastera es el más grande músico
de nuestro país.
- ¿Por qué?
- Hay muchas razones. Ginastera siempre está
dando lecciones. Su música se renueva
y su obra es una fuente inagotable. Es un compositor
de avanzada. Pero además concibió
su trabajo a partir de nuestra realidad, de
nuestra historia. Tuvo una mirada hacia su propio
país. Utiliza símbolos que nos
definen. En su música se reconocen inmediatamente
dos figuras que nos identifican: el indio y
el gaucho, a los que representa a través
de los ritmos y de las armonías y melodías.
OPERACIÓN MASACRE.
- ¿Por qué no se difunde
todo esto?
- Bueno, las razones son muchas y complejas.
Una de ellas está en lo que se difunde
masivamente a través de los medios. Hay
ejemplos clarísimos, como este programa
televisivo que yo llamo Operación masacre.
En esa emisión alguien que es designado
jurado y que nos dicen que sabe de música,
le dice a jóvenes que se acercan con
buena intención y voluntad qué
es lo que está bien y mal y si saben
o no cantar. El hecho es que hasta un estudiante
de primer año de conservatorio percibe
que muchos de los que son presentados como estrellas,
desafinan. Pero para el público, el mensaje
que queda es que eso es música y eso
es cantar. Ante estos fenómenos, todo
este vasto mundo del que hablé queda
absolutamente al margen, oculto. Y es una lástima.
Es cierto también que por prejuicios
y estrechez de miras, muchos músicos
cultos de aquí y del extranjero han gestado
una elite que ha conspirado contra la difusión
de la música y de su llegada a la gente.
Lo han convertido en un conocimiento especializado
y se han refugiado y replegado sobre sí
mismos. Esto, claro está, no es positivo.
- ¿Cómo se trabaja para
cambiar ese panorama?
- Es un hecho es que la información está
disponible para el que lo desee. Y si la gente
no conoce a los compositores de su tierra, está
pecando por omisión. En cualquier país
del mundo conocen sus músicos (incluidos
a los compositores argentinos). En la Argentina,
hay que decir tristemente que, por lo general,
no. Creo que tiene que haber un compromiso personal;
hay que luchar para que esto se modifique. Sin
pretensiones de grandeza, cada uno desde el
lugar que le debe toque hacer lo que le corresponda
lo mejor que pueda. En mi caso, difundir que
existe este patrimonio riquísimo y compartir
lo que sé. Creo que con eso ya es bastante.
INCLAUDICABLE
Por su empeño en divulgar las obras clásicas
desde 1975, Marcelo Arce recibió el premio
Bach 2000 a la Personalidad Musical de la Década.
en el rubro Divulgación, otorgado por
la Fundación Bach. Desde hace más
de tres décadas se dedica con fervor
a divulgar el gusto por la música, realiza
docencia por elección y vocación
lo que lo ha llevado a seguir el rumbo de un
compromiso inclaudicable con la música
y la cultura.
- ¿Cómo decidió dedicar
su vida a este trabajo que combina docencia,
pasión y arte?
- Básicamente me movilizó ver
el déficit que había en lo educativo.
Y lo tomé como un compromiso de vida.
Para mí hacer este trabajo es un lujo.
Lo ha sido y lo será. Me propuse compartir
lo que sabía y tratar de hacer gustar
las maravillas de la música con todos.
Sin prejuicios. Soy crítico de muchas
cosas, es cierto, pero a la vez trato de generar
una alternativa colocando mi granito de arena.
- ¿Estará nuevamente en Paraná?
- Sí. Por suerte podremos encontrarnos
con el público local en mayo. Aún
no tengo la fecha. Espero que podamos abordar
Vivaldi y Las cuatro estaciones. Estoy muy feliz.
Sobre todo por volver a Entre Ríos, ya
que una o dos veces por año me invitan
a presentarme en Gualeguaychú.
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