El arte no "es" si no se comunica y Marcelo Arce es un mediador.
Casi como un ritual, cada vez que se para en el escenario del teatro de cara al público se produce una fuerte conexión entre ellos y La clásica música (tal como él llama a sus espectáculos didácticos).
"La función son los técnicos", radicaliza con la misma pasión y humildad de siempre, a poco de regresar a la ciudad a presentar su quinta temporada en el Municipal, el próximo jueves, a las 21.
"Siento eso". La pausa es breve y el resto de la frase suena más enfática: "hay unión entre los espectadores y yo, que está dado por la música, es cierto. Pero el puente material lo hacen los técnicos. Si ellos no pusieran ladrillo por ladrillo para construirlo, yo no llegaría".
Esta vez, detrás de la pantalla gigante y en el audio de la sala estará María Callas.
"El público bahiense viene pidiendo `Callas Diva!' desde hace tres años. Como son pocas las funciones que doy allí por año, el pedido se fue relegando hasta que, en la última presentación del año pasado, acordamos que empezaríamos con ella este nuevo ciclo", dice.
Callas es un mito en la historia de la lírica. Además de su genialidad en interpretaciones en clásicos de la ópera como Tosca, La Bohéme o Madame Butterfly de Puccini, La Traviata o Aída de Verdi y otros memorables títulos de Bizet, Rossini, Poncielli o Gounod, dejó su sello como creadora.
"Ella hizo muchos aportes", adelanta Marcelo. "Es decir, modificó técnicas y estéticas, innovó en la puesta teatral. óperas que antes no se actuaban las hizo actuar, a aquellas que eran absolutamente duras las flexibilizó, a las que eran incomprensibles para el público las volvió comprensibles y además rescató títulos que habían caído en el olvido", continúa. Por eso esta función se basará en su vida y su contribución al mundo de la música más un recorrido lleno de anécdotas.
Cambió la lírica.
Habrá un repaso de todo. Como el gran click que hizo en la historia cuando se detuvo en la mitad de un ensayo de la famosa escena de Lucía di Lammermoor de Donizetti y dijo: "¿Qué van a hacer? ¿Llaman a una cantante de coloratura o sigo yo?", porque hasta ese momento las cantantes hacían la parte de alta exigencia vocal, con muchísima técnica, pero no la representación teatral.
"A partir de Callas no existe más eso de que una soprano o un tenor sean estigmatizados con el rótulo de 'coloratura'", explica. "A partir de ella --redunda-- un cantante lírico debe tener todo lo que la partitura exige".
Este episodio data de 1953 justo 100 años después de que La Traviata de Verdi instaurara el "Fisic du rol" (físico del rol). María Callas dio un paso más: También es preciso tener el timbre del rol.
Además introdujo la técnica de proyección de la voz en el escenario, cuestión que amplió la expresividad actoral de los intérpretes de ópera y el libre desplazamiento de los cantantes ya no afectaría la calidad del sonido.
Se caracterizó por su disciplina, rigurosidad y compromiso con la partitura. Era detallista, investigaba sobre el personaje que tenía que interpretar. "Indagó en el alma de Butterfy, en por qué debía inclinarse de tal o cual modo", asegura Arce.
"Callas fue un milagro, la unión de dos grandes del siglo XIX. Una fue la más grande diva de la voz: Giulita Pasta, una mujer bellísima que murió en la década de 1840. Si bien no existen grabaciones que hayan registrado el timbre de su voz, se sabe por las partituras y por el testimonio de escritores que era de una cualidad muy especial, sfogatto . Esta mujer tenía un registro muy amplio.
"La otra --agrega Arce-- fue la más grande actriz, Sara Bernardt, quien llegó a interpretar la versión de Tosca , adaptada para teatro. Fueron dos mujeres de un carisma increíble y de una gran personalidad.
"En 1923 nace María y ella logró el sfogatto de Giulita Pasta, que no había tenido nadie, más la capacidad actoral de Sara Bernardt. Es la unión de estas dos grandes precursoras y se convierte en un verdadero mito... En realidad Callas no es una diva por el capricho, lo es porque llegó al punto máximo como artista".
María Sol Oliver
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