"La misión del arte es compartir, pronunciar, extender, divulgar y promover. Como lo que hizo la Callas, por ejemplo: el mundo entero conoció la ópera gracias a ella", dice Marcelo Arce, a poco de llegar a Bahía Blanca para el estreno de su nuevo espectáculo didáctico "De Vivaldi a los Beatles", que podrá apreciarse esta noche, a las 21, en el Teatro Municipal.
Es un gran artista, conocedor de su profesión que ya lleva 33 años, y que nunca pierde de foco a su público. Por eso, también es un gran comunicador: en cada de sus palabras contiene esa "común-unión" con quienes están del otro lado (tal como indica la raíz de este concepto).
"El momento cúlmine de cada show es ese compromiso con ellos, que es lo más importante. Entonces, les hablo desde el escenario y les pregunto cómo están, porque quisiera tenerlos en el living de mi casa, pero me es imposible", reconoce, humildemente, en una charla telefónica.
Arce maneja muy bien los códigos porque es consciente de que si no hay una buena llegada "la música culta se vuelve oculta y eso favorece a que el público acepte pasivamente y de buena fe cuando los medios le dicen `eso es genial', tomándolo como tal".
Al mismo tiempo admite que tan endebles son los encasillamientos entre música "clásica" y la música "popular" que la única diferencia real está en la calidad.
Esta será la misión de esta noche: develar las intrínsecas conexiones que hay entre los grandes iconos de la historia de la música y el cuarteto de Liverpool. Cuáles son las reglas que subyacen en las bases y que definen lo artísticamente bello.
"Empezaremos escuchando los Beatles y explicaremos lo que ellos aportaron. Hay una cosa muy especial que tiene que ver un poco con eso de las jerarquías que siempre se marcan entre los géneros musicales: Mozart vivió 35 años y murió en 1791, su vida fue corta e intensa. Se lo considera como una estrella fugaz, como un cometa que pasó, se fue y dejó una estela nueva justo cuando la música lo necesitaba.
"En paralelo, y aunque parezca mentira ese mismo soplo renovador, de cosa fresca y joven, yo lo estoy encontrando en Los Beatles. Los pocos años que ellos tuvieron como grupo, también fueron intensos y han dejado una estela que influyó tanto en el jazz, como en el rock y en los clásicos", explica a la distancia con la misma pasión con que se lo ve arriba del escenario.
"Es más --agrega-- el Beethoven del siglo XX, que es Igor Stravinsky, escribió una fuga para piano sobre el tema Michelle".
No olvida de mencionar otro hecho: "Cuando el director de orquesta Hebert von Karajan, uno de los más grandes del siglo pasado, estuvo en Londres, quiso conocer a los Beatles. Entonces se reunieron y, cuando volvió a la Filarmónica de Berlín, empezó a grabar temas de ellos. Es increíble como a este director que tenía miles de partituras en la cabeza, le resultaba tan gratificante y bello dirigir a Bach como a Beethoven y a los Beatles".
De vuelta en casa. Marcelo Arce no visita la ciudad desde el año pasado debido a las refacciones que mantuvieron cerrada la sala principal del coliseo municipal y el público lo extraña.
"Desde principio de año me están enviando mails a través de mi página web (www.marceloarce.com). Por eso ya anuncié las próximas tres funciones que restan para antes de fin de año", asegura.
"Además, con personal técnico del teatro y el público bahiense me siento como en casa, como aquí en el Avenida, donde ya llevo quince temporadas. Y la verdad que es muy linda esa sensación, aunque siempre estén los nervios y la ansiedad previos a cada función".
En este momento de la conversación, Arce destaca todo el tiempo la contención que recibe y el profesionalismo que lo rodea cada vez que visita la ciudad, cosa que viene haciendo con frecuencia desde 2005.
"El personal del teatro se preocupa por el cuidado de cada detalle... Encuentro allí ese fuego mágico, ese que hemos conocido y que es tan romántico como en Puccini o en Verdi. Todos ayudan a que uno se sienta como yo me quiero sentir, fuera de todo tipo de estrellato --confiesa--. Esos que se creen que por estar arriba de un escenario... No, no, no. Uno está allí sólo porque es más práctico que estar abajo, para que todos puedan ver y apreciar. Por eso mis funciones están dedicadas a todos los que no sabemos música, y yo me incluyo", cerró.
María Sol Oliver/Especial para "La Nueva Provincia"