H O M E

Diario La Razón - 13 de febrero de 2002
Un showman que crea adicción a la música
Por Pablo Sigal

Su objetivo es enseñar a escuchar.
Creó un método para que el público se sienta parte de la música clásica.
Lleva 26 años de trabajo y no se cansa de llenar teatros.
 

Ocurre con casi todas las cosas. La mayoría de la gente que rechaza la música clásica, en realidad, no la entiende. O no quiere tomarse el trabajo de digerirla. Para eso hay dos remedios, que pueden ser complementarios:

1) Prestarle a la obra en cuestión algunos minutos más de atención que los que requiere cualquier hit de FM.

2) Ir a ver a Marcelo Arce, que desde hace 26 años no se cansa de dejar a audiencias de miles de nuevos oyentes con la boca abierta.

«Mis espectáculos no son para eruditos. Yo me dirijo al ama de casa, a los chicos, al profesional o a los trabajadores en general, y les hago ampliar el campo auditivo», dice Arce.

Arce no toca. Escucha con su público y enseña a escuchar. Pone una obra y se mueve como loco arriba del escenario. Más histriónico que un director de orquesta, da entrada a cada sección de instrumentos. Habla, anuncia lo que va a venir. El público lo sigue con atención. El showman corta la música y cuenta una anécdota sobre el compositor. Y así la va llevando, marca el ritmo, golpea, hace cantar.

El método de Arce, cuya marca registrada es «Apreciación musical», surgió cuando estudiaba Derecho. Las autoridades se preguntaban por qué los alumnos no iban a los conciertos que organizaba la facultad. Arce, quien para esa altura ya sabía composición musical, les dio la respuesta: «Yo soy como el ingeniero que arma un coche. Al saber cómo se arma lo puedo desarmar. La idea es desmenuzar la obra para que se entienda». Y empezó con lo suyo.

Agenda movida. Desde marzo, el último martes de cada mes se presentará en el Teatro Avenida con el ciclo «Las 9 Sinfonías de Beethoven». Antes se lo podrá ver en la Manzana de las Luces, mañana a las 19.30, con un video de Tosca. El 21 de febrero será el turno del piano, con «De Mozart a Rachmaninov», y el 28 lo dedicará al jazz.

En su currículum, que él prefiere llamar «ridículum» -por su postura contra la erudición- figuran actuaciones en el exterior como la de «Tangazo y estancia», espectáculo con el que enseñó Piazzolla y Ginastera en la Universidad de Viena.

De acá recuerda las 3.500 personas que convocó en la Catedral, en 1999, con la «Oda a la Alegría», o las 4.000 que se congregaron en las barrancas de San Isidro para compartir las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Sin embargo, se queja. Le acaban de levantar su programa de los sábados en Radio del Plata. Sigue, sí, todos los días en América y los jueves en Clásica.

El rito. El objetivo de Arce es «hacer ver la música». No sólo lo logra, sino que a veces, sin quererlo, su función es terapéutica. «La gente viene en busca de algo que compense su espíritu, sobre todo en estos tiempos de crisis». Y se entusiasma: «A veces en la sala hay un silencio tan grande -con un sonido tan pequeño que emociona- que uno piensa: o se han muerto todos o me he muerto yo».

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