H O M E

Diario La Mañana de Neuquén del Lunes 02 de Octubre de 2006
“Don Juan” y un viaje musical

La Orquesta Sinfónica de Neuquén y cantantes de la Buenos Aires Lírica dieron un show inolvidable con la opera “Don Juan”, de Wolfgang Amadeus Mozart. 

El último fin de semana, el Casino Magic, tuvo dos noches de lujo con la música clásica. También estuvo presente el maestro Marcelo Arce.

Fue una noche de esas en las que se presentan oportunidades que no hay que dejar pasar. Tal como ocurrió en la Sala Rainbow del Casino Magic con las dos funciones de “Don Juan” de Wolfgang Amadeus Mozart, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Neuquén, bajo la dirección del maestro Andrés Tolcachir, el bajo continuo de César Tello y con los aportes vocales de siete miembros de la Buenos Aires Lírica.

Con una escenografía escasa (tan sólo se valieron de unos paneles), los artistas supieron imprimirle un toque personal a la pieza durante más de tres horas, donde el público, a pesar de que se notaron algunos “cabeceos”, escuchó atentamente cada uno de los acordes.
Si hay algo que se debe destacar fue la presencia de Marcelo Arce quien, realizó una breve introducción a la obra, explicando el contexto en el que Mozart la había escrito y los motivos de su realización, quien era este “Don Juan o Don Giovanni, y porqué la composición tenía esa estructura.

La Orquesta, como siempre, estuvo perfecta y sorprendió a más de uno por su entrega y constancia a lo largo de toda la velada. Por su parte, Tolcachir se compenetraba con la música y uno podía adivinar lo que sentía c tan sólo con ver como movía su cuerpo y brazos.

La vestimenta de los cantantes fue bastante particular. Las mujeres estaban “sumergidas” en escotados trajes de época, mientras que los hombres, tenían ropa mucho más simple. El personaje de Donna Anna, la hija del Commendatore, fue el único en cambiar de vestuario, pero siempre en la misma tonalidad, acorde a su condición de viuda.

Para menguar un tanto el cansancio de los espectadores, Arce invitó en el intervalo a tomar una copa de vino, la bebida favorita del personaje central.

Una mención aparte merece el papel entregado junto a la programación. En él, se advertía la posibilidad de que el subtitulado podría desaparecer por las características de la sala. Hecho que, más allá de la dificultad para algunos para leerlo por el tamaño de sus letras, no se produjo.
Cuando concluyó la ópera, el público respondió con un fuerte aplauso, que no pudo callar los debates sobre quién había sido el mejor cantante. A la salida, como si se tratara de la final de un programa televisivo, el primer puesto se ceñía sobre el sirviente Leporello y la campesina Zerlina.
A modo de conclusión, se puede afirmar que el concierto tiró bajo tierra todo aquel prejuicio que sentencia que este género sólo puede ser apreciado en un teatro con una estructura importante. Tan sólo hay que saber ajustar los oídos, y mientras haya una entrega total por parte de los artistas, todo el resto es sólo decorado. (P.F.)