H O M E

Revista Noticias del 21 de diciembre de 2001
‘Hay que aprender a gozar’
Por Guido Bilbao
Foto: Rosana Schoijett

Es un showman de la música clásica. Enseña a escuchar a los compositores en radio y teatros. Por qué las jubiladas se derriten por él. 

En la cola hay más mujeres que hombres. Están inquietas, se les nota: saben que en minutos Marcelo Arce estará frente a ellas. Es martes de tarde y ya no quedan entradas para verlo. En el escenario del Auditorio de Belgrano hay una mesita, encima una compactera y, al fondo, una pantalla de video. Es una puesta simple, sí, modesta. Sin embargo, la platea espera al borde de la desesperación.

Se apagan las luces de la sala. Hay gritos, aplausos miles. Tímidamente, con pasitos entrecortados, como pidiendo permiso, aparece él. “¿Cómo están mis chicos?”, pregunta abriendo los brazos, intentando un abrazo general. Chicos, casi no hay, pero igual un coro le responde: “Bieeen”. “Qué lindo es”, suspira una señora que supera los setenta, en primera fila, fundada en un vestido beige, con tocado en el pelo y perfume de más.

Arce es un especialista en música clásica. Su don, allanarle los caminos a la gente que quiere disfrutar de ella pero la encuentra inaccesible. Para eso, le muestra al público qué es lo que él escucha cuando escucha. “Las cuerdas arriba, ¿distinguen los vientos?”. Como si prestara sus oídos. ¿Por qué entonces tanto agite, si sólo se está en una clase de música? Error. Sus charlas son un happening, un acontecimiento que supera la música. Un tanto bizarro, pero conmovedor. Hay que verlo a Arce en vivo. A medida que avanzan las melodías, su excitación aumenta. Y se contagia. Transpira, baila. Suena un instrumento nuevo y lo recibe como si entrara una vedette. Es el director de una orquesta invisible. A veces da la impresión de que se va a quebrar, es demasiada la energía. Cuando aprieta el stop del equipo, su mano tiembla.


Marcelo Arce: Intento que el público aprecie lo mismo que yo. Y si pueden, más. Muchas veces su reacción también genera reacciones en mí. Recuerdo una vez, dando la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak, en el movimiento que se llama largo, que es el lento, llegó un momento en que estaba todo tan estático, tan quieto... la sala a oscuras, sólo yo iluminado, marcando ese movimiento... y en un momento aparece un grupo de cuerdas, nada más eso y se produjo un punto estático, un punto quieto... Bueno, yo sentí que la fuerza de la música volvía del público hacia mí. Un momento que nunca voy a olvidar porque flotábamos todos en el aire. Y eso sólo lo hace la música.


Noticias: ¿Cómo hace para que la gente que sola en su casa no soportaría una obra más de cinco minutos, en su clase la disfrute durante horas?

Marcelo Arce: Por un lado, la investigación. Buscar la historia de la obra. Hay que basarse en los documentos, en las cartas de los compositores. Mucho de la deducción, de la suma de elementos. Seguir la partitura. Pasa que, cuando comprenden lo que hay detrás de la obra, se fascinan. Y ahí reaccionan. Eso es muy común. Las verdades ya están reveladas. Aunque es cierto, no pasa con todas las obras. Lo primero que hay que tener en cuenta, como dicen las tías viejas, es que a uno le llegue. Qué la música lo transporte al estado de ensoñación que intenta crear. Hay que aprender a gozar.

Noticias: ¿No es una trampa igualar el entendimiento a la percepción? ¿Se puede enseñar a sentir?

Marcelo Arce: Es muy difícil. Creo que no. Uno puede darle elementos a una persona para que reaccione. Uno intenta darle llaves, pero por ahí no resulta. Hay gente que reacciona con más facilidad y otra que es impermeable a algunas obras. Quizá, si comprenden la obra, puede ser que la impermeabilidad ceda. Son más conducentes las obras programáticas, que tienen una historia, una guía. El oyente inexperto se siente más cómodo. Pero, Bach por ejemplo, es más difícil. Sus obras son abstractas. Pero grandiosas.

Noticias: ¿Por qué se considera que la música clásica es para pocos?

Marcelo Arce: Todavía hay gente en la mal llamada música clásica, así como una cosa sectaria, que no quiere que sea para todos. Muchos preferirían que siguiera siendo algo elitista. Cuando la principal aspiración de un Beethoven, de un Verdi, era que su obra conmueva. No les interesaba si el público que escuchaba sabía filosofía o literatura. Lo que querían era emocionar al público, conmoverlo.

Noticias: Algunos de los abonados del Colón parecen sufrir las veladas, como si todo fuera una excusa para después ir a cenar al Alvear.

Marcelo Arce: Si uno va al teatro, debe ir con el mayor respeto por el artista. Con el mejor atuendo que uno tiene. Es muy típico que, cuando un artista va a un bis, gente del público se levante y se vaya. Pasó en el concierto de Martha Argerich. Mucha gente se levantó de la platea porque ya habían pasado las doce. Eso es triste. Ella nos estaba por regalar más música. ¿Cuál es el inconveniente? ¿El estacionamiento que vence? ¿La carroza que se va a convertir en calabaza?

Noticias: En ese mundillo lo señalan como el Federico Klemm de la música clásica.

Marcelo Arce: Mire Ud.

Noticias: ¿Qué le parece?

Marcelo Arce: No me agrada mucho eso. No creo que se encuadre con mi trabajo. Yo fundamento mis charlas, lo hago lo mejor que puedo. Y si tanta gente me sigue y evoluciona... no es un bluf. Quizá, para un entendido, esto sea una cosa menor. Pero lo que yo hago es para los que no sabemos música. Lo que sí sé es que la gente que me sigue después va a tener más elementos técnicos para comprender a los artistas.

Noticias: Los domingos ofrece en radio Del Plata una maratón de doce horas de música. ¿No es demasiado?

Marcelo Arce: Recibimos 700 mails por programa. Estamos en el aire desde el ’93. Ya no me acuerdo de qué son los fines de semana. Pero me encanta hacerlo, lo disfruto mucho. Y la gente parece que también. Nunca es demasiado cuando hablamos de música.

Noticias: ¿Le gustan Los Beatles?

Marcelo Arce: Sí. Ahora los escucho poco pero me encantan.

Noticias: ¿Y Charly García? Tiene formación clásica.

Marcelo Arce: Sí, pero no me gusta lo que hace.

Noticias: El sábado tengo una cena con una chica que vengo buscando hace rato. Está difícil el asunto. ¿Con que obra la convenzo?

Marcelo Arce: Yo empezaría con la meditación de la ópera Thaïs de Massenet. Como dura unos pocos minutos, seguiría con el Concierto para piano Nº 2 de Rachmaninov. El segundo movimiento. Y para que la escena romántica llegue al clímax elegiría el adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler. Si falla con estas obras, mi amigo, es que usted no tenía ninguna chance.

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