En
la cola hay más mujeres que hombres.
Están inquietas, se les nota: saben que
en minutos Marcelo Arce estará frente
a ellas. Es martes de tarde y ya no quedan entradas
para verlo. En el escenario del Auditorio de
Belgrano hay una mesita, encima una compactera
y, al fondo, una pantalla de video. Es una puesta
simple, sí, modesta. Sin embargo, la
platea espera al borde de la desesperación.
Se apagan las luces de la sala. Hay gritos,
aplausos miles. Tímidamente, con pasitos
entrecortados, como pidiendo permiso, aparece
él. “¿Cómo están
mis chicos?”, pregunta abriendo los brazos,
intentando un abrazo general. Chicos, casi no
hay, pero igual un coro le responde: “Bieeen”.
“Qué lindo es”, suspira una
señora que supera los setenta, en primera
fila, fundada en un vestido beige, con tocado
en el pelo y perfume de más. 
Arce es un especialista en música clásica.
Su don, allanarle los caminos a la gente que
quiere disfrutar de ella pero la encuentra inaccesible.
Para eso, le muestra al público qué
es lo que él escucha cuando escucha.
“Las cuerdas arriba, ¿distinguen
los vientos?”. Como si prestara sus oídos.
¿Por qué entonces tanto agite,
si sólo se está en una clase de
música? Error. Sus charlas son un happening,
un acontecimiento que supera la música.
Un tanto bizarro, pero conmovedor. Hay que verlo
a Arce en vivo. A medida que avanzan las melodías,
su excitación aumenta. Y se contagia.
Transpira, baila. Suena un instrumento nuevo
y lo recibe como si entrara una vedette. Es
el director de una orquesta invisible. A veces
da la impresión de que se va a quebrar,
es demasiada la energía. Cuando aprieta
el stop del equipo, su mano tiembla.
Marcelo Arce: Intento que el
público aprecie lo mismo que yo. Y si
pueden, más. Muchas veces su reacción
también genera reacciones en mí.
Recuerdo una vez, dando la Sinfonía del
Nuevo Mundo, de Dvorak, en el movimiento que
se llama largo, que es el lento, llegó
un momento en que estaba todo tan estático,
tan quieto... la sala a oscuras, sólo
yo iluminado, marcando ese movimiento... y en
un momento aparece un grupo de cuerdas, nada
más eso y se produjo un punto estático,
un punto quieto... Bueno, yo sentí que
la fuerza de la música volvía
del público hacia mí. Un momento
que nunca voy a olvidar porque flotábamos
todos en el aire. Y eso sólo lo hace
la música.
Noticias: ¿Cómo hace para
que la gente que sola en su casa no soportaría
una obra más de cinco minutos, en su
clase la disfrute durante horas?
Marcelo Arce:
Por un lado, la investigación. Buscar
la historia de la obra. Hay que basarse en los
documentos, en las cartas de los compositores.
Mucho de la deducción, de la suma de
elementos. Seguir la partitura. Pasa que, cuando
comprenden lo que hay detrás de la obra,
se fascinan. Y ahí reaccionan. Eso es
muy común. Las verdades ya están
reveladas. Aunque es cierto, no pasa con todas
las obras. Lo primero que hay que tener en cuenta,
como dicen las tías viejas, es que a
uno le llegue. Qué la música lo
transporte al estado de ensoñación
que intenta crear. Hay que aprender a gozar.
Noticias: ¿No
es una trampa igualar el entendimiento a la
percepción? ¿Se puede enseñar
a sentir?
Marcelo Arce:
Es muy difícil. Creo que no. Uno puede
darle elementos a una persona para que reaccione.
Uno intenta darle llaves, pero por ahí
no resulta. Hay gente que reacciona con más
facilidad y otra que es impermeable a algunas
obras. Quizá, si comprenden la obra,
puede ser que la impermeabilidad ceda. Son más
conducentes las obras programáticas,
que tienen una historia, una guía. El
oyente inexperto se siente más cómodo.
Pero, Bach por ejemplo, es más difícil.
Sus obras son abstractas. Pero grandiosas.
Noticias: ¿Por
qué se considera que la música
clásica es para pocos?
Marcelo Arce:
Todavía hay gente en la mal llamada música
clásica, así como una cosa sectaria,
que no quiere que sea para todos. Muchos preferirían
que siguiera siendo algo elitista. Cuando la
principal aspiración de un Beethoven,
de un Verdi, era que su obra conmueva. No les
interesaba si el público que escuchaba
sabía filosofía o literatura.
Lo que querían era emocionar al público,
conmoverlo.
Noticias: Algunos
de los abonados del Colón parecen sufrir
las veladas, como si todo fuera una excusa para
después ir a cenar al Alvear.
Marcelo Arce:
Si uno va al teatro, debe ir con el mayor respeto
por el artista. Con el mejor atuendo que uno
tiene. Es muy típico que, cuando un artista
va a un bis, gente del público se levante
y se vaya. Pasó en el concierto de Martha
Argerich. Mucha gente se levantó de la
platea porq ue
ya habían pasado las doce. Eso es triste.
Ella nos estaba por regalar más música.
¿Cuál es el inconveniente? ¿El
estacionamiento que vence? ¿La carroza
que se va a convertir en calabaza?
Noticias: En ese
mundillo lo señalan como el Federico
Klemm de la música clásica.
Marcelo Arce:
Mire Ud.
Noticias: ¿Qué
le parece?
Marcelo Arce:
No me agrada mucho eso. No creo que se encuadre
con mi trabajo. Yo fundamento mis charlas, lo
hago lo mejor que puedo. Y si tanta gente me
sigue y evoluciona... no es un bluf. Quizá,
para un entendido, esto sea una cosa menor.
Pero lo que yo hago es para los que no sabemos
música. Lo que sí sé es
que la gente que me sigue después va
a tener más elementos técnicos
para comprender a los artistas.
Noticias: Los domingos
ofrece en radio Del Plata una maratón
de doce horas de música. ¿No es
demasiado?
Marcelo Arce:
Recibimos 700 mails por programa. Estamos en
el aire desde el ’93. Ya no me acuerdo
de qué son los fines de semana. Pero
me encanta hacerlo, lo disfruto mucho. Y la
gente parece que también. Nunca es demasiado
cuando hablamos de música.
Noticias: ¿Le
gustan Los Beatles?
Marcelo Arce:
Sí. Ahora los escucho poco pero me encantan.
Noticias: ¿Y
Charly García? Tiene formación
clásica.
Marcelo Arce:
Sí, pero no me gusta lo que hace.
Noticias: El sábado tengo una cena con
una chica que vengo buscando hace rato. Está
difícil el asunto. ¿Con que obra
la convenzo?
Marcelo Arce:
Yo empezaría con la meditación
de la ópera Thaïs de Massenet. Como
dura unos pocos minutos, seguiría con
el Concierto para piano Nº 2 de Rachmaninov.
El segundo movimiento. Y para que la escena
romántica llegue al clímax elegiría
el adagietto de la Quinta Sinfonía de
Mahler. Si falla con estas obras, mi amigo,
es que usted no tenía ninguna chance.
volver
arriba
|